lunes, 1 de febrero de 2010

La Campana: hecho antes que dicho



El arte es un elemento catalizador de la época, de esto deriva que el artista, más allá de todas sus peculiaridades, es un ente que interpreta los signos de su tiempo; confirmando o desenmascarando la cultura, ideología o cualquier manifestación de su espíritu. Siempre ha sido así, sólo que, de vez en vez se manifiesta de un modo mucho más evidente y de manera fortuita, debido a lo convulso del momento histórico. Tal es el caso del arte que se hizo en Cuba por la década del 80, cuando más de una generación de cubanos que nacieron o crecieron dentro de la revolución perdieron la inocencia, los creadores que no fueron exentos y en cuyas obras se puede ver una crónica fidedigna del proceso.

Dentro de este amplio espectro quiero dedicar especial atención a un grupo de artistas que se aglutinaron e hicieron causa común bajo el nombre de “La Campana” (1988-1993). Jóvenes formados en su mayoría por el sistema nacional de escuelas de arte, que habían llegado a su madurez, criterio que fue ante todo creativo y conceptual. Quienes expandieron tanto sus horizontes que su obra arremetió contra toda barrera.

Los colectivos de colaboración ya no eran una novedad en el panorama artístico local, habían unos cuantos consagrados como “Volumen 1” y “Puré”; otros que estaban de moda como Provisional, ABTV, arte Calle y Art-De. La Campana no surgió en sí como un “proyecto de taller” -aunque sus fundadores sí habían manejado la idea- , a la primera re-acción del grupo -que hasta entonces no lo era- muchos llamaron “Proyecto la Vidriera” por haber acontecido en los predios de la tienda La Campana, de donde el grupo tomó el nombre -al margen de alegorías-.

Qué pasó en realidad? era el día de la inauguración del Salón de la Ciudad, concurso anual celebrado en la ciudad de Las Tunas (al oriente de Cuba/aproximadamente 143,000 habitantes), a la convocatoria respondieron gran cantidad de artistas jóvenes, con obras que daban una visión acertada de la Ciudad y su dinámica. Tal dosis de realismo no fue de la complacencia de los encargados de la política cultural, quienes decidieron no abrir la exposición como estaba previsto, con la excusa de hacer un análisis político de las obras -la misma noche de la inauguración- ante una gran concurrencia de espectadores. Lo insólito del hecho fue que accedieran al pedido de los artistas de retirar las obras de la galería, las que se instalaron luego -esa misma noche- en la vidriera de la tienda comercial “La Campana”.



Personalmente, considero ese primer evento como un performance, aunque no fue concebido como tal. En él se puede ver “un giro coperniquiano” en el modo de entender el arte, todo en un mismo hecho. Cuando los cuadros estaban colgados en las paredes del museo, residía en ellos todo el valor estético y conceptual de la obra, que por otro lado a pesar de que tenían como tema o inspiración la ciudad, eran propuestas atomizadas por la individualidad de la percepción de cada creador. Pero, cuando los cuadros son retirados comienza a fraguarse la OBRA -con mayúscula-. Con la procesión de los artistas llevando sus creaciones como estandartes hacia los portales de “La Campana” el significado estético-conceptual pasó a estar en el acto mismo, lo particular de cada pieza expuesta pasó a un segundo plano, tomando especial preponderancia la actitud y la interacción de la obra con sus públicos en un ambiente no programado. Esto no pretendía ennoblecer estéticamente la realidad sino ampliar las fronteras de lo estético: el papel del artista ya no se limita a crear su obra en el taller sino que es una cuestión de actitud ante la vida misma: la obra no muere en la galería.

La actitud y las estrategias adoptadas por los artistas a finales de la década del 80 trajo como resultado propuestas transgresoras mas allá de lo artístico, que pronto estuvieron en contradicción con la política cultural oficial, que reaccionó instaurando la censura como método de control (La resolución No. 131, recurso legal ejecutado contra el artista Joel Rojas en 1989, es un buen ejemplo entre otros). En estas circunstancias colectivos como La Campana, Arte Calle y Art-De, (todos en 1988), asumieron "la calle" como recurso, lugar de encuentro reflexivo entre el arte y público. Desafiando los mecanismos de censura, al punto de contar con ellos incorporándolos a sus poéticas creativas. Arte Calle incorporó estéticas urbanas como el grafitti, Art-De (Arte Derechos) lenguajes más frontales -específicamente políticos-. La Campana, operaba como colectivo aunque definía el espacio para las propuestas individuales; sus presupuestos conceptuales a la hora de la concepción, influenciados por Joseph Kosuth -en cuanto al arte como medio para reflexionar sobre sí mismo y el mundo- devenían en eventos cercanos al fluxus, instalaciones y happenings al ser ejecutados, todo en perfecta armonía con los medios tradicionales (como la pintura, el dibujo y la escultura) a los que nunca renunciaron.



La Obra vive: los espectadores que acompañaron a los creadores a su exilio provisional y los transeúntes que se sumaron a la improvisada muestra fueron tocados, quizás nadie recuerde alguna obra, yo no las recuerdo -y algunas eran mías-, pero ninguno ni ellos ni nosotros olvidamos la acción y cuanto nos cambio -sin romanticismo-. Ahí se develó el verdadero sentido del arte -si es que hay que buscarle un sentido- el arte responde a un absoluto llamado libertad, que se manifiesta en la independencia creativa. Nada más lejos de la teoría marxista de que el arte como parte de la supra estructura es determinado por condicionantes socio-históricos y fundamentalmente, por la estructura económica que es la base real de la sociedad utilizada por la clase dominante para justificar el régimen imperante. Paradoja: El estado marxista cubano educó y manipuló por generaciones las mentes de los futuros artistas montando un complejo sistema de educación artística con el objetivo de justificar el status quo. La mente creadora -aunque si encarnada en su tiempo y realidad- no respeta barreras -y aun sin pretensiones políticas- sólo enarbola las banderas de la libertad. El arte reconcilia al hombre con la naturaleza, manifestación de lo Absoluto que se encarna en apariencias tangibles que revelan la verdad. Schelling con gran claridad afirmó que el arte es un órgano privilegiado que ventila lo que en la naturaleza caótica y en la historia misma no es revelado y debe ser reprimido.



Esto ocurrió el 9 de septiembre de 1988 y los artistas que formaron parte del evento: Eduardo Lozano Martínez; Lázaro Estrada Tamayo (La Vidriera y Luz Verde); Oscar Aguirre Comendador; Manuel Martínez Ojea; Geandy Lesly Pavón
(La Vidriera y Luz Verde); Miguel Mastrapa Cruz (La Vidriera) y Carlos Pérez Vidal (Capevi).

Luego, se sucedieron una serie de exposiciones del Grupo La Campana, donde hubo varios artistas invitados a exponer con el núcleo original y marcaron el retorno del grupo a los ambientes tradicionales:

1988 - Luz Verde, Exposición y Performance, Centro de Artes Visuales de Las Tunas, Cuba, noviembre.

1989 - Solución III: Institucional, Instalaciones, Performance y Conferencia sobre Los Proyectos de La Campana, Galería Guillermo Nogueira, Las Tunas, Cuba, enero.

1989 - Solución IV: Académica, Exposición y Performance (Concierto de Música Clásica y Recital de Poesía Renacentista), Museo Vicente García, Las Tunas, Cuba, 20 de mayo.

1989 - La Campana: Solución V: Cristiana, (Exposición, Taller de Iconos, Arte y Lenguaje), Galería de la Parroquia San Jerónimo, Las Tunas, Cuba, septiembre.

1989 - Los siglos no se olvidan, (Proyecto Nacional del Grupo La Campana y Artistas Invitados de la Generación del Ochenta: Alejandro Aguilera, Lázaro García Medina, Ibrahim Miranda, Carlos Alberto Rodríguez Cárdenas, Nelson Villalobos, Acela Rey Zayas, Jaquelín Abdalá, Miguel Angel Leyva, Tomás Maceira, Osvaldo Yero, Reinerio Tamayo, Segundo Planes, Giovani Bosch y Esterio Segura), Galería de Arte Fayad Jamís, Las Tunas, Cuba, diciembre.

1990-1993 - Una serie de proyectos -exposiciones y performances- en los que están implicados algunos de los miembros de La Campana a título individual.

Entre los artistas que eventualmente fueron invitados a exponer con el núcleo original de La Campana se encuentran: Kadir López, Leonardo Roque, Armando Martínez, Rolando Polanco, Marlon Lastre, René Peña Carbonel, entre otros.



Agradecimientos a Glexis Novoa por su oportuna y fructífera colaboración y en especial a los integrantes de La Campana por revisar el texto y aprobar la información que contiene. La cronología de La Campana, así como las fotos de eventos y obras son de los archivos de Carlos Pérez Vidal (Capevi).

Fotos:
1. Integrantes del grupo La Campana. De izquierda a derecha: Carlos Pérez Vidal; Eduardo Lozano; Manuel Martínez Ojea; Marlon Lastre (invitado) y Oscar Aguirre Comendador. Foto: Lázaro et. 1988.
2. Lázaro Estrada: S/T. 1988. (Exposición la vidriera).
3. Eduardo Lozano: Paissaje, 1988c.
4. Carlos Pérez Vidal: Cuadro aspirante a modelo, 1988. (Exposición la vidriera).
5. Inauguración de la Exposición Solución V: Cristiana, Galería de la Parroquia San Jerónimo, Las Tunas, Cuba, septiembre. En la foto el Padre Vicente Balaguer Gisbert.