martes, 11 de agosto de 2009

Del museo del Kitsch al Château de Versailles



Atravesar la sala de mi madre puede ser una tarea difícil, tal vez se haga necesario un mapa con rutas a seguir. La razón de eso es que a ella le encanta tener la casa decorada muy a su estilo, por lo que mis amigos han llegado a llamarla: “El museo del kitsch”. Manadas de elefantes, gaviotas, lobos, perros, jirafas y hasta de budas gorditos pululan en las mesas y repisas. Tarros gigantes con bosques de flores plásticas obstruyen el camino, así como falsas orquídeas que cuelgan en artesanales macramés.

Semejante barroquismo kitsch nunca me hizo feliz, era como el apoteosis del mal gusto, vergüenza mayor para para un estudiante de artes. A pesar de eso, aprendí a convivir con ello y a no reparar en su presencia, hasta el día que conocí al hijo bastardo de Marcel Duchamp y Andy Warhol: Jeff Koons.

Jeff Koons heredó de Duchamp la irreverencia y el talento para sintetizar pieza y espacio en un todo que resulta ser la definitiva obra. De Warhol, el gusto por el mal gusto que a modo de alquimista medieval convierte el plomo en oro. A finales del año pasado y comienzos del presente, en el marco del “Versalles off”, Koons asaltó (avalando con su trayectoria el haber sido invitado de honor) con sus monumentales y extravagantes obras las antiguas habitaciones, salones y jardines del más refinado templo a la exquisitez y el buen gusto: el Palacio de Versalles. No dejo de preguntarme si la esplendidez de este lugar no es la magnificación y máxima expresión del “real” kitsch santificado. Entonces, entiendo a las personas e intelectuales franceses que no querían a Koons en Versalles, pues de esta unión -como de un matrimonio por conveniencia- Jeff Koons entraría formar parte de la realeza europea (algo que no logró con su fallido matrimonio con la Cicciolina, emulando con esto cuando el papa Inocencio III, en un acto paternal, cubrió con su manto púrpura a san Francisco de Asís, simbolizando la pertenencia a la iglesia. También, el Palacio de Versalles, sin dejar de presumir su centenario abolengo desnudaría, por primera vez, su cara kitsch. El truco está en que Koons no trata nunca de confundir sus obras con el ambiente, si no -en palabras de Jean Baudrillard- de producir un simulacro, con plena conciencia del juego y del artificio. Simulacro que pone a descubierto el Simulacro: a partir de ahora, queda al descubierto que El Palacio de Versalles y Disneylandia son dos caras de una misma moneda, que no miran en direcciones opuestas.

Koons no podía dejar pasar esta oportunidad y seleccionó in-situ las 17 obras que expuso en los aposentos del rey y la reina, en la Galería de los Espejos, y en los tan celebrados jardines: obras gigantescas hechas con globos de acero pulido o flores frescas, objetos corrientes, aspiradores, personajes de cómic y bibelos de porcelana, destacando la íntima relación entre su obra y el Château de Versailles.







Obras:
1. Jeff Koons: Puppy
2. Jeff Koons: Entrevista en el Palacio de Versalles
3. Jeff Koons: Cicciolina & The Pink Panther
4. Jeff kons: Balloon Dog Yellow

3 comentarios:

Weddings dijo...

The house has a unique style, and the structure is made up of animals. I'd love to see Different designs, and the structures are great.

Stan Jones - " Wedding and Invitation "

Janet dijo...

Oh, great picture of sculptures! I'd love to see those photos. I desire to go that place.

Janet Cox - "Second Grade Math Games"

david dijo...

The pictures are great I'm pretty sure my kids will love going in there. Thanks for posting!

David Fellers - Accelerated Nursing Programs in New Mexico