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domingo, 6 de junio de 2010

Eduardo Lozano: Simplemente, ganas



El hombre es el ser que siempre se pregunta ¿por qué? y las reflexiones y respuestas a esa pregunta se han convertido en religión, filosofía, ciencia, noticias e incluso arte. Pero -siempre hay un pero- el arte escapa a toda lógica, en ocasiones la única respuesta sincera es un simple y llano ME DA LA GANA, no más -aun cuando también eso sea teorizable-. Uno de esos peculiares casos se da en la obra de Eduardo Lozano, donde la pintura sin pretensiones de “intelectualidad” es dimensionada en todo su valor per se.

Preguntas y respuestas conviven en un “ahí” y eso no es una postura filosófico-conceptual; de este modo se manifiesta su ser artista, en el simple enfrentar la realidad sin retorcerla ni intentar arrebatarle el misterio que reside en su simple “desnudes”. Muchos abanderados a ultranza de la postmodernidad verán en la obra de Lozano una traición al espíritu del arte contemporáneo, pero no hay obra más transgresora que la que desafía todos los estereotipos de una época. No es moda, unicamente fidelidad a una pasión -romanticismos aparte-.

Eduardo Lozano es un obrero del arte, día a día hace su obra y esto lo hace feliz. Visita exposiciones, habla de arte, lee libros, escribe, pero esto no lo define, es parte de él -pero no es él-. Él es simplemente el tipo que pinta, que deja que su obra fluya libre, no se amarra a lo pre-establecido ni si quiera por él mismo. Hacer arte no sólo es su pasión sino que lo asume como oficio, sea rentable o no. Por sus lienzos, dibujos, acuarelas y grabados deambulan los coloridos retratos de sus amigos, paisajes, yerbas, balseros, vírgenes, santos y miles de escenas cotidianas y vulgares que no pretenden ser sacralizadas.












*Eduardo Lozano Martínez, nació en Las Tunas, Cuba, en 17 de julio de 1967. Estudió Pintura y Dibujo en la Escuela Elemental de Artes El Cucalambé de su ciudad natal y luego en la Escuela Nacional de Artes (ENA) y el Instituto Superior de Artes (ISA) ambos en La Habana, Cuba. Tiene en su haber numerosas exposiciones tanto colectivas como individuales, así como ha sido merecedor de varios premios y reconocimientos a su obra. Actualmente reside en Valencia, España.

Obras:
1. Autorretrato. Óleo sobre lienzo, 1983.
2. Paisaje con palmas. Óleo sobre lienzo, c.1990.
3. Hierva roja. Óleo sobre lienzo, c.2000.
4. Juego de Dominó. Acuarela sobre papel, 2003.
5. Café. Acuarela sobre papel, 2003
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6. Encuentra a su madre (estación IV del Via Crusis). Xilografía, 2007.

domingo, 18 de octubre de 2009

The Citizen Rojas



“... Seré yo, será el silencio, allí donde estoy, no sé, no lo sabré nunca, en el silencio no se sabe, hay que seguir, voy a seguir."
Samuel Becket (El innombrable)

No se que tiempo habrá durado para Virgilio su paso errante por el purgatorio, para Joel Rojas fueron 20 años, desde el oscuro día, en la Habana, que decidieron borrarlo del panorama artístico cubano hasta la iluminada noche, en Edge Zones de Miami, en que pudo mostrar sus obras otra vez, en una exposición retrospectiva organizada y curada por el también artista Glexis Novoa.

Si con las tristemente celebres “Palabras a los Intelectuales” se había creado el marco cuasi jurídico “en ademán de dirigir conciencias”, con la “Resolución Ministerial 131” en 1989 el Ministerio de Cultura de Cuba dio un zapatazo sobre las ya mencionadas conciencias, emulando el incívico acto de Nikita Jrushchov en la Asamblea General de la ONU. El chivo expiatorio: Joel Rojas; las víctimas: los artistas que trataban de hacer una obra seria y consecuente, que a partir de entonces tendrían que hilar fino cuidando que sus obras no resulten irrespetuosa hacia la Revolución y que los principios estéticos de las mismas sean compatibles con los de dicha sociedad. Este hecho marcó el comienzo del fin de uno de los periodos más ricos del arte en Cuba: de renacer pasó a muerte súbita.

El artista sobrevive a la prematura muerte social del personaje. Entonces vino el verdadero y más grande acto de libertad de Joel: continuó creando a pesar de que lo tenía prohibido, se centró en su obra, la cual en vez de verse mutilada se tornó más fuerte y se diversificó, saliendo de los límites de la pintura como tal. Quizás su obra más importante de esta época fue cuando haciendo una parábola de su “patética condición social” el recluso se recluyó en una gruta a trabajar, allí parodiando el proceso creativo aborigen pintó sobre la piedra un reflejo de lo que era la sociedad cubana contemporánea: consignas políticas y símbolos patrios al servicio de una ideología. Pero la parábola de la cueva no es más que una imagen, una reflexión sobre su (la) realidad. El acto es secreto -Joel Rojas no es sujeto de libertades artísticas- y efímero -sólo dura los meses en que el artista permanece en la caverna”-. Por otro lado, este “performance” -concíbase o no como tal- rompe de algún modo con la concepción tradicional de la pintura que Joel tenía -o sólo desarrollaba- hasta entonces, enriqueciendo de este modo su quehacer artístico.

Aun los agujeros negros dan fe de su existencia a través del desvío gravitacional de la luz. Del mismo modo, “el innombrable” deja la impronta de su obra a través de sus ecos -así los llama él- yo los llamaré “reminiscencias”. La obra del artista proscrito trasciende los velos de la censura reflejándose en la obra de sus compañeros y amigos; se pueden constatar parentescos -o influencias- morfológicas muy fuertes en la obra de Tomas Esson, Carlos Lunas, ya desde un temprano 1988 (época del suceso), esto se pone más de relieve al ver que los tres tratan temas políticos similares, representados por las mismas figuras: símbolos patrios, hoces y martillos, las imágenes de Fidel y Martí, etc., así mismo de una manera más intrínseca Ibrahím Miranda -grabador- participó cercanamente y más tarde -ya en el exilio- en Ahmed Gómez se vislumbra el “eco” de Joel en alguna de sus obras. Es curioso ver como dichas reminiscencias no se limitan sólo a los temas, sino que formalmente las obras están concebidas desde presupuestos estéticos muy similares, usando las mismas técnicas, como se hace evidente en los trazos -pintados o en carboncillo-, que desconstruyen la figura en una suerte de cubismo amorfo. Lo realmente importante de estas reminiscencias no es ponerse a discurrir quién le debe a quién, si no ver que lo autentico siempre busca un modo de salir a la luz, que si bien Joel fue confinado al más absurdo ostracismo, su obra fue vista, difundida y alabada, en la obra de otros artistas de su generación.








*Este texto fue posible gracias a documentos, imágenes e ideas tomadas de la exposición "Resolución # 131, de Joel Rojas, en Edge Zones de Miami, Septiembre de 2009. Las imágenes de los otros artistas fueron tomadas de Internet.

lunes, 28 de septiembre de 2009

El drama del absurdo real / Nestor Arenas: obra reciente.



Acostumbramos a buscar el “por qué” de todo, en especial cuando de arte se trata, queremos agotar la obra en el entendimiento casi literal de cada detalle. Eso pasa al enfrentarnos a la obra reciente de Nestor Arenas (Holguín, Cuba, 1964). El arte contemporáneo nos ha acostumbrado a buscar conexiones sutiles y oscuras detrás de la obra, dejando de lado en ocasiones, la obra misma y un elemento aun más contemporáneo que los intríngulis filosóficos remanentes de ella; esto es la sensibilidad y el cómo nos sentimos ante la obra, sin detenernos a pensar: sólo sintiendo. El mismo J. Kosuth afirma en El arte después de la Filosofía: “Lo que el arte tiene en común con la lógica y las matemáticas es que es una tautología, es decir, que la idea de arte (u obra) y el arte son una misma cosa”.

Los ambientes creados por Nestor, con pretexto de sus fotografías, destacan por ser una realidad alucinante (a mí me recuerda a otro Arenas, casualmente también holguinero: al Reinaldo Arenas de El mundo alucinante). Sus escenas lúgubres y absurdas, con animales muertos o en situaciones inverosímiles, bañadas por un negro humor, que nos hace sonreír -extraños- ante lo que bien podrían ser los macabros juegos de un oscuro niño, perturbado y genial.

El hombre moderno vive en un mundo científico y racional, donde la “ley de causa y efecto“ pretende explicar todo, pero por momentos -más frecuentes de lo que creemos- el absurdo rebasa el reino de lo imaginario e invade nuestra vida, pues lo sensorial se alimenta del absurdo. Nestor, de algún modo, vincula el absurdo a la condición humana. Ante sus obras, el espectador se enfrenta al “sinsentido” metafísico de su propia existencia. Por eso el artista no se fía de la pintura como modo de expresión y se auxilia de fotografías con un ambiente dramático y aires de “cine basura”.

Estas obras “son sólo lo que ves”. Lo que ves -trasciende lo que “es”- y lo que sientes; el estado de ánimo que suscitan es más importante que las referencias. Algunos estarán debatiendo acerca de su posible “cinismo”, no sé. A mí no me quedan dudas de su sordidez al retratar sin piedad desoladoras escenas tan absurdas, tan reales, tan de cualquiera. Nestor no necesita pretextos para su obra, pero si fuera necesario alguno y los espectadores no se resignaran en su intento de hallarlo, la más sincera verdad es que sería inútil buscarlo fuera del arte.












Obras:
1. Nestor Arenas: 038-BR
2.
Nestor Arenas: RM-BR-004
3.
Nestor Arenas: SNK-05
4.
Nestor Arenas: ALT-T
5. Nestor Arenas: D-012
6. Nestor Arenas: PSK RM-01